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Exposición sin domicilio

 

Apuntes 2007

Amores y desamores, nos debatimos entre ambos.

Somos gatos intruseando canastos y, a la vez, escalando techos ajenos para encontrar lo que nos falta. Ansiosos y carentes de algo que no tiene forma y no tenemos ni la mínima idea que es. Se busca lo que no se sabe, un laberinto existencial.

Observar desde el umbral, apropiarse de vidas ajenas a partir de un trazo inmediato, sin cavilaciones y así poder tensar el mundo prestado, en realidad, robado. El modo de pintar es lo estable; no hay esbozos, traspasos, borradores, divagaciones. Una pintura que se asemeja a lavarse los dientes, caminar, vestirse.

Mi profesión de arquitecto se volvió una intrusa en mí. La pintura mezcla, diluye, estampa, penetra y se desborda, resultando un festín de descaro y arrojo.

Hombre y mujer deformándose para gritar una vida.

Coqueteo urbano y domiciliario.

 

Apuntes 2008 Marzo 10

No estacionar ambos costados; el domicilio, la residencia, el sofá con la lucecita para leer, el picoteo del pájaro busquilla, las hojas que no paran de caer esperando su nuevo ciclo, la larga espera para que sea la hora de comer, pan tostado con palta, la alfombra que se arruga, el dolor de rodilla, el verano que no da tregua.

La casa

El hogar

Se confunden con el ruido del televisor, las bocinas de autos hiperventilados y aspiracionales, la micro que no pasa nunca, los titulares en rojo anunciando desastres de escritorio, asfalto en mal estado, “estamos trabajando para usted”, disculpe las molestias, una monedita para este pobre viejo, películas piratas, putas en las esquinas, travestís entraditos en carne y fajados….

Ciudad inconclusa, renovación sin horizonte coherente.

Las puertas y sus escalas; el umbral de una super vía que da la bienvenida a la ciudad se parece tanto a una puerta de entrada de una casa cualquiera.

Pánico al acercamiento, a abrir las ventanas, las piezas no se ventilan, vivimos a escondidas, con susto a lo próximo.

Volver a creer en el vaso de agua puesto en el velador, en la plaza, en los rostros “almados” y sensibles que buscan con desesperación compañía y verdad.

La ciudad se vive como un gato entrometido.

 
 
 

En esta sección arrojo mis pensamientos transformados en letras.